
La curiosidad natural de encontrar en el pasado próximo respuestas inmediatas a un presente incierto me llevaron a descubrir y leer un poema dedicado ni más ni menos que al mismísimo Alfredo “Harapos” Morales.
Este poema, que toca y agita varias fibras de mi ser se encuentra en Por una vez contra el otoño, libro de poemas escrito por Luís Vicente de Aguinaga. Este libro a su vez fue galardonado -no sé si durante algún otoño- con el Premio Nacional de poesía Efraín Huerta en el 2004.
Si conocen la historia del famoso “Harapos” encontrarán que el poema es crudamente verídico, sentimental y desde mi muy parcializado punto de vista también admirable. No me atrevo a decir nada más que gracias al autor por este retrato tan genuino del pasado.
VA (LEJOS DE Zacatepec)
Qué imagen: el 'Harapos'
Morales. Iba
siempre a la cita en media cancha
y hacía después como si no supiera,
de verdad, en dónde
estaba. Ni quien
le hablara por su nombre: 'Harapos',
nada más, o el de las piernas
delgadas y el cabello
imposible, retrabado,
críptico. A la cita,
al pase como de joya en filamentos
que así nomás tendía sin mayores convicciones
se agregaban como al azar extremos bondadosos
rematadores ajenos al perdón
y a la jactancia.
Con todo,
aun a pesar de tanta exactitud,
de un orden tan minuciosamente construido,
la Victoria
se fue convirtiendo en azúcar de otras cañas
y el clan austero de Morales,
ahora sí que en jirones,
igual a un hato de mendigos,
tuvo que resignarse al aliento de las hienas.
El 'Harapos', un ultimo
domingo,
alcanzó a rasguñar el premio avaro
de la salvación,
de la supervivencia en el Máximo Circuito,
pero un temor al laurel improvisado
y un miedo al tiro a gol en pocos términos
lo encaminaron a patear sin ánimo y sin rumbo.
El fin se veía cerca.
Yo apagué la televisión aquella tarde,
la apagué así nomás, como el 'Harapos' lo habría hecho
y me negué a entender las lecciones de la historia.
